Síndrome de Ulises: por qué algunos migrantes viven un estrés extremo incluso después de años en el extranjero
El 42 % de los hispanos en Estados Unidos teme hoy que ellos o un familiar cercano sean deportados. No es un miedo abstracto. Es el tipo de estrés que no desaparece al llegar a casa por la noche, que no se apaga cuando termina la jornada laboral, que convive en la mesa con cada cena familiar. Es un estado de alerta permanente que el cuerpo humano, sencillamente, no fue diseñado para sostener indefinidamente.
Y sin embargo, millones de personas lo viven así. Cada día. Durante años.
Hay un nombre clínico para este fenómeno. Se llama Síndrome de Ulises, y en el contexto actual —con deportaciones masivas en Estados Unidos, políticas cada vez más restrictivas en Europa y un clima global de hostilidad hacia la migración— nunca había sido más urgente entenderlo.
Este artículo te explica qué es exactamente el Síndrome de Ulises, cómo se diferencia de la depresión o el duelo común, cuáles son sus señales de alarma y, sobre todo, qué se puede hacer cuando alguien lo está viviendo.
Tras leer este artículo podrás: identificar los síntomas del Síndrome de Ulises en ti mismo o en alguien cercano, comprender por qué no es una debilidad personal sino una respuesta a condiciones extremas, y conocer los primeros pasos hacia la recuperación psicológica.
Índice de contenidos
- ¿Qué es el Síndrome de Ulises? La definición clínica que debes conocer
- El contexto actual: por qué 2025 agrava el estrés migratorio
- Síntomas del Síndrome de Ulises: cuerpo y mente bajo presión extrema
- Duelo migratorio normal vs. Síndrome de Ulises: cómo distinguirlos
- Factores de riesgo y poblaciones más vulnerables
- Recuperación y estrategias de apoyo psicológico
- Preguntas frecuentes
1. ¿Qué es el Síndrome de Ulises? La definición clínica que debes conocer
El Síndrome de Ulises, también conocido como Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple, fue descrito por primera vez en 2002 por el psiquiatra español Joseba Achotegui, profesor de la Universidad de Barcelona y director del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados del Hospital Sant Pere Claver.
El nombre no es casual. Ulises, el héroe griego de La Odisea de Homero, pasó años lejos de su hogar, enfrentando peligros constantemente, sin saber si podría volver. Homero lo describe sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto. Si hasta un semidiós mítico sucumbía ante el peso de la ausencia y la incertidumbre, ¿qué podemos esperar de personas reales en condiciones extremas?
¿Es una enfermedad mental?
Técnicamente, no. El Síndrome de Ulises no es un trastorno psiquiátrico formal como la depresión clínica o el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Se trata de un cuadro reactivo de estrés que ocupa el espacio entre el malestar psicológico y la patología clínica.
Esta distinción es crucial: quien lo padece no “está loco” ni tiene una enfermedad mental. Está teniendo una respuesta humana normal a condiciones anormales. El problema es que, si esas condiciones no cambian y la persona no recibe apoyo, el cuadro puede evolucionar hacia trastornos más graves.
Los dos elementos definitorios del síndrome
Achotegui identificó dos componentes que deben estar presentes simultáneamente para hablar de Síndrome de Ulises:
- Estresores de gran intensidad y carácter crónico: no es un evento traumático único, sino una acumulación de adversidades que no cesa: separación familiar, inseguridad legal, precariedad económica, miedo constante, discriminación.
- Sintomatología psíquica y somática específica: un conjunto de síntomas físicos y emocionales que no encajan perfectamente con ningún diagnóstico psiquiátrico convencional, lo que frecuentemente lleva a que sean ignorados o maldiagnosticados.
📌 Para recordar: El Síndrome de Ulises no es depresión, no es ansiedad generalizada, no es TEPT —aunque comparte elementos con todos ellos. Es una respuesta específica al estrés límite migratorio. Diagnóstico erróneo = tratamiento ineficaz. Por eso es fundamental que los profesionales de salud mental que atienden a migrantes conozcan este cuadro.
2. El contexto actual: por qué 2025 agrava el estrés migratorio
El Síndrome de Ulises no es nuevo, pero el contexto político y social de los últimos años ha creado condiciones que lo disparan a niveles sin precedentes. Para entenderlo, es necesario mirar lo que está ocurriendo tanto en Estados Unidos como en Europa.
Estados Unidos: el miedo como clima permanente
La política migratoria de la administración Trump ha generado un cambio cualitativo en la experiencia cotidiana de millones de migrantes. No se trata solo de deportaciones —aunque estas alcanzaron más de 200.000 latinoamericanos deportados en los primeros 10 meses del gobierno, según datos de CNN—. Se trata de la atmósfera de amenaza permanente que rodea cada aspecto de la vida diaria.
Una encuesta del Pew Research Center reveló que el 42 % de los hispanos en EE.UU. teme que ellos o un ser querido puedan ser deportados. Uno de cada 25 adultos hispanos comenzó a llevar consigo documentos que prueban su estatus migratorio como medida de seguridad. Uno de cada 50 dejó de acudir a servicios públicos esenciales como atención médica, por miedo a ser identificado.
La psicóloga Hedels González, especialista en salud mental de migrantes latinoamericanos, lo describió con precisión quirúrgica: cuando hablamos del contexto que viven hoy muchos migrantes en EE.UU., no estamos hablando de una preocupación. Estamos hablando de un estado de amenaza.
La plataforma de atención psicológica Acción Migrante, creada por la UNAM y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, documentó un aumento del 566 % en la demanda de atención psicológica entre febrero y junio de 2025: de 30 solicitudes semanales a más de 200. Los síntomas más frecuentes: estrés severo, ansiedad y depresión.
Europa: el blindaje de fronteras y su coste humano invisible
La situación en Europa sigue una lógica paralela. Según un informe de la organización Salud por Derecho publicado en octubre de 2024, las políticas migratorias europeas están generando una crisis de salud pública que afecta a millones de personas. Los datos son contundentes:
- Más de 100.000 migrantes son detenidos cada año en la UE por su estatus administrativo.
- En España, el 70 % de las personas detenidas en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) desarrolla graves problemas de salud mental, como ansiedad y depresión.
- Dos de cada diez personas detenidas intenta autolesionarse.
- Desde 2014, más de la mitad de las muertes registradas en procesos migratorios han ocurrido en Europa o en rutas hacia el continente. Solo en el Mediterráneo, más de 30.000 migrantes han muerto o desaparecido en la última década.
- El informe de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (FRA) de 2025 documenta un aumento significativo del racismo y la xenofobia en los Estados miembros, señalando que el contexto de hostilidad creciente tiene consecuencias directas sobre la salud mental de las poblaciones migrantes.
Esta confluencia de factores —inseguridad legal, hostilidad social, ausencia de redes de apoyo, incertidumbre constante— es exactamente el caldo de cultivo para el Síndrome de Ulises.
| Indicador | Cifra | Fuente |
|---|---|---|
| Migrantes internacionales en el mundo | 281 millones (≈3,6% población global) | Naciones Unidas, 2020 |
| Personas desplazadas forzosamente | Más de 120 millones (1ª mitad 2024) | ACNUR / Salud por Derecho |
| Hispanos en EE.UU. con miedo a deportación | 42 % | Pew Research Center |
| Migrantes detenidos anualmente en la UE | Más de 100.000 | Salud por Derecho, 2024 |
| Migrantes en CIE de España con prob. salud mental | 70 % | Salud por Derecho / El Salto |
| Muertes en el Mediterráneo (última década) | Más de 30.000 | Salud por Derecho, 2024 |
3. Síntomas del Síndrome de Ulises: cuerpo y mente bajo presión extrema
Uno de los aspectos más complejos del Síndrome de Ulises es que sus síntomas son difusos y afectan simultáneamente la esfera física y la emocional. Esto hace que con frecuencia se confundan con otras condiciones o, peor aún, que se atribuyan a una “falta de adaptación” personal.
Síntomas psíquicos principales
El área emocional es donde el síndrome se expresa con mayor intensidad. Las personas afectadas suelen experimentar un conjunto de síntomas que incluyen tristeza persistente y llanto frecuente sin causa aparente inmediata, ansiedad y nerviosismo constante, irritabilidad desproporcionada, sensación de indefensión y de que “todo esfuerzo es inútil”, pensamientos recurrentes sobre la familia dejada atrás, dificultad de concentración que afecta el rendimiento laboral, y sentimientos profundos de soledad incluso cuando se está rodeado de personas.
Un rasgo clínico relevante es que estos síntomas no cumplen criterios diagnósticos claros para depresión mayor ni para TEPT. Las personas mantienen un nivel de funcionamiento básico —van a trabajar, realizan tareas cotidianas— pero con un costo emocional enorme y sostenido.
Síntomas somáticos: el cuerpo habla lo que la mente calla
El estrés crónico se manifiesta físicamente de forma inequívoca. La Amanda Venta, directora del Laboratorio de Estudios sobre Juventud y Familia de la Universidad de Houston, lo explicó con precisión: vivir con estrés crónico e incertidumbre desregula el sistema de respuesta al estrés del cuerpo y genera consecuencias en todo tipo de afecciones de salud física y mental.
Los síntomas somáticos más frecuentes en el Síndrome de Ulises son: dolores de cabeza de carácter tensional y recurrente, fatiga crónica que no mejora con el descanso, problemas de sueño (insomnio, sueño no reparador, pesadillas), dolores musculares sin causa orgánica clara, trastornos digestivos (náuseas, diarrea, gastritis), pérdida o aumento significativo del apetito, y sensación de presión en el pecho.
Las 7 señales de alerta que no debes ignorar
- Llevas más de 6 meses con ansiedad o tristeza persistente que no responde a buenas noticias ni a mejoras en tu situación externa.
- Tu cuerpo acumula síntomas físicos sin explicación médica: dolores, fatiga, problemas digestivos que los médicos no encuentran causantes orgánicos claros.
- Te has aislado progresivamente de personas con quienes antes te relacionabas, incluso dentro de tu propia comunidad migrante.
- Sientes que el proyecto migratorio ha fracasado, independientemente de tu situación objetiva: hay una distancia enorme entre lo que esperabas y lo que estás viviendo.
- El miedo a la deportación o al rechazo social te paraliza: evitas situaciones cotidianas (ir al médico, salir a ciertos espacios, interactuar con autoridades) por miedo.
- Sientes que no perteneces a ningún lugar: ni al país de acogida ni, ya, al país de origen.
- Han aparecido pensamientos de que todo sería mejor si no existieras o ideas de hacerte daño. En este caso, busca ayuda profesional de forma urgente.
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4. Duelo migratorio normal vs. Síndrome de Ulises: cómo distinguirlos
No toda persona que emigra desarrolla el Síndrome de Ulises. Emigrar implica siempre un proceso de duelo —por el país dejado, por los vínculos, por la identidad cultural— pero ese duelo es, en la mayoría de los casos, elaborable. La clave está en la intensidad, la acumulación y la posibilidad de resolución.
El duelo migratorio: una pérdida elaborable
Achotegui describió tres niveles de duelo migratorio. El duelo simple ocurre cuando la persona emigra en condiciones relativamente favorables: puede visitar o traer a su familia, tiene cierta estabilidad legal y económica. El duelo complicado aparece cuando existen separaciones dolorosas —hijos pequeños, padres enfermos—, pero existe alguna posibilidad de contacto o reunificación. El duelo extremo, el propio del Síndrome de Ulises, ocurre cuando la persona ha dejado atrás todo lo que ama y no tiene posibilidad real de regresar, traer a los suyos ni recibir ayuda. El duelo, entonces, no puede elaborarse: se cronifica.
La tabla de diferencias clave
| Dimensión | Duelo migratorio normal | Síndrome de Ulises |
|---|---|---|
| Duración | Mejora progresiva con el tiempo | Se cronifica o empeora |
| Intensidad | Manejable con apoyo social | Desborda la capacidad de adaptación |
| Relación con el contexto | Mejora si mejoran las condiciones externas | Condiciones extremas sostenidas que no cambian |
| Funcionamiento diario | Preservado con altibajos | Muy afectado, costo emocional enorme |
| Síntomas físicos | Leves o ausentes | Frecuentes y persistentes |
| Red de apoyo | Presente o construible | Ausente o muy limitada |
| Perspectiva de futuro | Existe una narrativa de mejora posible | Sensación de callejón sin salida |
Ejemplo concreto: María, 38 años, Ciudad de México a Los Ángeles
María emigró hace cinco años dejando a sus dos hijos —de 8 y 11 años— con su madre. El plan era reunirse en dos años. Pero la situación legal se complicó, el proceso de reunificación familiar se estancó y con las políticas migratorias de 2025 la posibilidad de regresar sin perder todo lo construido desapareció. Hoy, María trabaja 12 horas diarias, envía remesas cada quincena, habla con sus hijos por videollamada pero no puede abrazarlos. Se despierta a las 3 de la mañana con palpitaciones. Ha ido al médico por dolores de cabeza crónicos que no ceden con ningún analgésico. Su jefe dice que últimamente “está muy despistada”. María no tiene síntomas de depresión clínica —no ha perdido la capacidad de funcionar— pero su vida entera transcurre en un estado de estrés límite que la está consumiendo lentamente.
Esto es el Síndrome de Ulises.
5. Factores de riesgo y poblaciones más vulnerables
No todas las personas que emigran en condiciones difíciles desarrollan el Síndrome de Ulises. Hay factores que aumentan significativamente la vulnerabilidad, y la mayoría de ellos son de naturaleza estructural: no dependen de la voluntad o la fortaleza del individuo, sino de las condiciones del contexto.
Factores estructurales que disparan el riesgo
La situación legal irregular es probablemente el factor de riesgo más determinante. Vivir sin documentos implica no poder acceder a servicios básicos, no poder moverse con libertad y vivir con el miedo permanente a la detención y deportación. El Dr. Arthur Evans, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), señaló que la detención, la deportación, la separación familiar y la amenaza constante de estas acciones generan estrés crónico que aumenta la ansiedad, la depresión y los síntomas relacionados con el trauma.
Otros factores estructurales relevantes son la precariedad económica severa, la ausencia de redes de apoyo social en el país de destino, las barreras idiomáticas que dificultan la integración y el acceso a recursos, la discriminación y el rechazo social, y la separación prolongada de hijos menores o padres en situación de necesidad.
Poblaciones especialmente vulnerables
Aunque cualquier migrante puede desarrollar el síndrome, ciertos grupos presentan mayor vulnerabilidad clínica. Los migrantes en situación irregular, especialmente aquellos que llevan años en el país de acogida sin poder regularizar su situación, son el grupo de mayor riesgo. Las madres y padres separados de sus hijos menores de edad sin posibilidad de reunificación presentan lo que Achotegui denominó “duelo extremo” de forma casi universal.
Las personas que han sufrido violencia o experiencias traumáticas durante el trayecto migratorio —algo documentado extensamente en las rutas hacia Europa, donde MSF registró que el 34 % de sus pacientes en Samos declararon haber experimentado trauma severo— son también altamente vulnerables. Los jóvenes migrantes sin red de apoyo, los migrantes climáticos y los solicitantes de asilo en proceso de espera prolongado completan este mapa de vulnerabilidad.
Ejemplo concreto: Ahmed, 29 años, Sudán a Alemania
Ahmed llegó a Alemania hace cuatro años huyendo del conflicto en su país. Habla alemán con fluidez, trabaja en construcción y tiene permiso de residencia temporal. Objetivamente, su situación es estable. Pero su permiso de residencia debe renovarse cada año, nunca sabe si le será concedido nuevamente, no puede traer a su familia, y en su barrio ha experimentado episodios repetidos de discriminación. Duerme mal, tiene dolores musculares crónicos y en los últimos meses se ha aislado de los pocos amigos que tenía. Un médico de cabecera le diagnosticó ansiedad y le recetó ansiolíticos. Ahmed los toma, pero nada mejora. Porque el problema no es químico: es contextual. Ahmed necesita atención psicosocial especializada en migración, no solo farmacología.
6. Recuperación y estrategias de apoyo psicológico
Una de las primeras cosas que los especialistas subrayan es que el Síndrome de Ulises tiene solución. No es una condena permanente. Pero la intervención debe ser específica, culturalmente adaptada y consciente de que el problema no reside únicamente en la psicología individual, sino también en las condiciones externas que lo generan.
Lo que ayuda a nivel individual
La psicóloga González, especialista en migrantes latinoamericanos, recomienda practicar lo que denomina “economía emocional”: en contextos prolongados de incertidumbre, la meta no debería ser eliminar esa incertidumbre —que en muchos casos es imposible— sino aprender a administrarla. Esto implica aceptar la realidad tal como es (sin minimizarla ni amplificarla más allá de los datos objetivos), establecer pequeñas rutinas de estabilidad que den estructura al día, y mantener contacto significativo con personas de confianza.
La conexión humana es el factor protector más potente identificado en la literatura sobre este síndrome. Achotegui señaló que mantenerse anclado exclusivamente a la comunidad de origen puede dificultar la integración, pero romper totalmente con ella incrementa la soledad. El equilibrio consiste en mantener costumbres significativas (comida, música, idioma, celebraciones culturales) mientras se participa progresivamente en la sociedad de acogida.
Lo que el entorno y los profesionales pueden hacer
Para los profesionales de salud que atienden a migrantes, el primer paso es conocer el síndrome. Muchos casos son maldiagnosticados —o simplemente no diagnosticados— por desconocimiento, lo que lleva a tratamientos farmacológicos que no abordan la raíz del problema. La intervención ideal es multidisciplinar: psicólogos o psiquiatras especializados en salud mental migrante, trabajadores sociales que puedan abordar las condiciones materiales, enfermería para el acompañamiento de los síntomas físicos, y cuando sea posible, asesoría legal para reducir la incertidumbre jurídica.
Para las personas del entorno del migrante —familiares, amigos, compañeros de trabajo— es fundamental no minimizar lo que la persona está viviendo con frases como “ya te adaptarás” o “lo tienes mejor que muchos”. El Síndrome de Ulises no es debilidad ni falta de voluntad. Es el resultado predecible de someter a un ser humano a condiciones de estrés que superan su capacidad de adaptación.
📌 Para recordar — Estrategias que sí funcionan:
A nivel individual: Rutinas de estabilidad diaria · Contacto regular con personas de confianza · Mantener vínculos culturales de origen + participación gradual en sociedad de acogida · Atención psicológica especializada en migración · Reducir consumo de noticias cuando genera parálisis (no ignorar la realidad, pero tampoco sobrexponerse).
A nivel comunitario: Grupos de apoyo entre migrantes con experiencias similares · Asociaciones culturales · Acceso a servicios sociales y asesoría legal · Redes de solidaridad.
Lo que NO ayuda: Ansiolíticos sin terapia psicológica · Aislamiento total · Negar la realidad · Culpar al migrante de su propio sufrimiento.
Preguntas frecuentes sobre el Síndrome de Ulises
¿El Síndrome de Ulises es lo mismo que la depresión?
No. Aunque comparten algunos síntomas como la tristeza, la fatiga y los trastornos del sueño, el Síndrome de Ulises se diferencia de la depresión clínica en varios aspectos clave. En primer lugar, es un cuadro reactivo: está directamente causado por condiciones externas de estrés extremo. En segundo lugar, quienes lo padecen generalmente mantienen cierta capacidad funcional —van a trabajar, realizan actividades cotidianas—, aunque con un costo emocional enorme. En tercer lugar, no responde al tratamiento farmacológico habitual para la depresión si no se abordan simultáneamente las condiciones externas que lo generan. La distinción es importante porque un diagnóstico equivocado lleva a tratamientos ineficaces.
¿Cuánto tiempo tarda en aparecer el Síndrome de Ulises?
No hay un plazo fijo. El síndrome puede manifestarse en las primeras semanas tras la migración, especialmente si las condiciones son extremas desde el inicio, pero también puede aparecer meses o incluso años después. De hecho, muchas personas desarrollan el cuadro cuando el contexto político o social empeora (como ha ocurrido con las deportaciones masivas en EE.UU. o el endurecimiento de políticas en Europa), incluso habiendo llevado una vida relativamente estable durante años. El factor determinante no es el tiempo transcurrido desde la migración, sino la intensidad y la cronicidad de los estresores a los que la persona está expuesta.
¿Puede el Síndrome de Ulises afectar a migrantes con papeles y estabilidad económica?
Sí. Aunque los factores de riesgo se concentran en personas en situación irregular, el síndrome puede afectar a cualquier migrante que acumule suficientes estresores de forma crónica. Una persona con residencia legal puede padecerlo si lleva años separada de sus hijos, si ha sufrido discriminación sostenida, si su proyecto migratorio no ha respondido a sus expectativas, o si enfrenta el temor de que su permiso de residencia no sea renovado. La estabilidad administrativa reduce ciertos estresores, pero no elimina otros igual de poderosos: la soledad, el duelo por los vínculos perdidos, la tensión entre dos culturas o la incertidumbre sobre el futuro.
¿Cómo puedo ayudar a un familiar o amigo que podría tener el Síndrome de Ulises?
Lo primero es escuchar sin minimizar. Evita frases como “deberías estar agradecido” o “otros tienen peor”. Valida lo que la persona siente sin reforzar el aislamiento ni la desesperanza. Infórmate sobre los recursos disponibles en tu zona: asociaciones de migrantes, servicios de salud mental culturalmente adaptados, grupos de apoyo. Si la persona tiene miedo de ir al médico (por su situación legal, por desconocimiento del sistema o por estigma), acompáñala en el proceso. Y si aparecen señales de alarma graves —pensamientos de hacerse daño, incapacidad total para funcionar—, busca atención profesional urgente. No dejes que el orgullo o el miedo al estigma se interpongan entre la persona y la ayuda que necesita.
¿El Síndrome de Ulises tiene cura?
Sí, en la medida en que los estresores que lo causan puedan reducirse y la persona reciba el apoyo adecuado. La recuperación es posible, pero requiere una intervención que actúe en varios niveles simultáneamente: psicológico (terapia individual o grupal adaptada culturalmente), social (construcción de redes de apoyo y comunidad), material (mejora de las condiciones de vida, regularización del estatus legal cuando sea posible) y educativo (conocer el síndrome y entender que lo que se vive es una respuesta humana normal a condiciones anormales). Cuando solo se aborda uno de estos niveles —por ejemplo, solo la terapia individual sin cambios en las condiciones externas— los resultados son limitados. La intervención multidisciplinar es la más efectiva.
Conclusión: tres ideas fundamentales para no olvidar
El Síndrome de Ulises no es una debilidad. No es un fallo de adaptación. No es “estar exagerando”. Es la consecuencia predecible y documentada de someter a seres humanos a niveles de estrés que superan la capacidad de cualquier persona —por más resiliente que sea— para adaptarse.
En el contexto de 2025, con deportaciones masivas en Estados Unidos, políticas cada vez más restrictivas en Europa y un clima global de hostilidad hacia la migración, millones de personas están viviendo exactamente las condiciones que generan este síndrome. Y la mayoría lo está haciendo en silencio, sin diagnóstico y sin ayuda.
Tres ideas para llevarte de esta lectura:
- El sufrimiento tiene nombre y tiene causa. Llamarlo por su nombre —Síndrome de Ulises, estrés migratorio extremo, duelo migratorio crónico— no es un diagnóstico definitivo, sino el primer paso para dejar de tratarlo como un problema de carácter y empezar a abordarlo como lo que es: una respuesta humana a condiciones inhumanas.
- La solución no es solo individual. Las estrategias de autocuidado y la terapia psicológica son herramientas valiosas, pero la raíz del problema es estructural. Sin cambios en las condiciones de vida —seguridad legal, acceso a servicios, reducción de la discriminación, posibilidad de reunificación familiar—, cualquier intervención tiene un techo muy bajo.
- Pedir ayuda no es rendirse. Para muchas culturas y contextos migratorios, buscar atención psicológica lleva un estigma enorme. Pero ignorar el Síndrome de Ulises no lo hace desaparecer: lo empeora. Un cuadro de estrés límite no atendido puede evolucionar hacia trastornos más graves. Reconocerlo a tiempo es, literalmente, un acto de supervivencia.
Si tú o alguien que conoces está viviendo alguno de los síntomas descritos en este artículo, el primer paso más importante es hablarlo con un profesional de salud mental que conozca la realidad de la migración. No tienes que atravesar esto solo.
Referencias y fuentes: Dr. Joseba Achotegui, Universidad de Barcelona — Fundación Orienta — Revista de Estudios en Seguridad Internacional (Vol.6, No.1, 2020) — Organización Mundial de la Salud (OMS), Ficha técnica sobre salud mental de refugiados y migrantes — Salud por Derecho, informe “La política migratoria en la UE como crisis de salud global” (octubre 2024) — Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (FRA), Informe sobre Derechos Fundamentales 2025 — Pew Research Center — CNN en Español — Univision Noticias — Factchequeado / CIM-MT — ACNUR